El metaanalizador que lo metaanalice, buen metaanalizador será…

Querido lector, estoy seguro que has sido testigo, como yo, de un gran número de ‘revoluciones clínicas urbanas’. Este término, que me acabo de inventar ahora mismo, se refiere a todas esas cosas que ‘dicen que son buenas’, aunque nadie sepa quién dice tal cosa. Por poner un ejemplo: las famosas bayas del Goji. Siempre siguen un esquema fijo: alguien dice que es bueno, todo el mundo empieza a tomarlo, se agotan los comercios, piden más cantidad de este producto… y en una temporada que nunca supera los 6 meses, parece que todos se han olvidado.

Como futuro profesional sanitario, me declaro completamente en contra de estas ‘sabidurías populares’. Y he de admitir que, en algunas ocasiones, funcionan: no olvidemos que nuestro querido ácido 2-(acetiloxi)-benzoico (la famosa aspirina) proviene de la corteza de sauce, antiguo remedio tradicional. El problema aquí, no es que el remedio funcione. El problema radica en escoger la dosis adecuada con el menor número de efectos secundarios. Y en saber que, si le administramos el remedio a un niño, podemos hacerle contraer el síndrome de Reye. Esa es la razón de que usemos fármacos y no infusiones que no nos ofrecen las mismas ventajas.

Pero volviendo al tema principal, hay una serie de niveles de evidencia que se emplea para conocer el grado de validez que tiene un conocimiento. Veamos, en orden ascendente:

Grado IV: lo ha dicho un experto especialista médico en Saber Vivir.
Grado III: hay una correlación estadística que lo demuestra.
Grado IIb: hay un estudio no completamente experimental que lo demuestra.
Grado IIa: hay un estudio experimental, pero no aleatorio, que lo demuestra.
Grado Ib: hay un estudio experimental y aleatorizado que lo demuestra.
Grado Ia: hay un metaanálisis de estudios experimentales y aleatorizados.

Normalmente, todas las modas clínicas urbanas tienen, como mucho, un grado de evidencia IV, osease, que un experto lo recomienda en base a sus observaciones personales, pero sin tener ningún estudio que le avale. Un ejemplo muy claro es el de la famosa ‘copita de vino diaria’ debido al resveratrol, un antioxidante que contiene el célebre producto de la vida… pese a que necesitaríamos tomar varios cientos de litros de vino para obtener cantidades significativas de éste.

Un grado de evidencia III es algo más serio: existe una correlación estadística. Pero esto todavía no nos vale para tirar voladores. Dependiendo del estudio, podemos caer en la vieja falacia Cum hoc ergo propter hoc, o en cristiano (N. del A.: nunca entenderé por qué decimos esto, si la lengua oficial de la Iglesia Católica es el latín, pero bueno) “la correlación no implica causalidad”. Por poner un ejemplo: decir que los fumadores ligan más, probablemente no tenga tanto que ver con el consumo de tabaco como con el hecho de que deben salir fuera a fumar, favoreciendo el conocer gente. Me gustaría enlazar un artículo que leí recientemente sobre este tema, y del que sólo recuerdo el anterior ejemplo, pero me temo que no lo encuentro…

Otro ejemplo que ahora mismo recuerdo es una gráfica que trataba de relacionar los niveles de gasolina con plomo con la criminalidad en los Estados Unidos. Muy científico, como puedes ver.

Una vez que entramos en el grado de evidencia II, ya empezamos a acercarnos algo más a la verdad. Pero seguimos estando lejos de ella. Un estudio aquí incluido ya es experimental (aunque en algunos casos los investigadores no pueden controlar todas las condiciones), incluso científico. Sin embargo, como no están aleatorizados (es decir, o bien no existe un grupo de control, o bien este sabe con certeza que pertenece a tal grupo), corremos el riesgo de que el investigador, voluntaria o involuntariamente subestime o sobrestime los efectos de la materia investigada.

Este error anterior se soluciona con los estudios con un grado de evidencia Ib. Aquí entran los tan famosos estudios de doble ciego, en los que ni el investigador ni el ‘investigado’ saben con certeza  quienes pertenecen al grupo de control y quienes están, por poner un ejemplo, recibiendo tratamiento farmacológico.

Y hasta aquí es donde llegan un gran número de pruebas y evidencias científicas. Pero todavía queda un nivel más. En ciencia no podemos considerar nada como una verdad irrefutable, pero lo más cercano a esto se encuentra aquí: en los metaanálisis. Y estos no son más que un análisis estadístico de un grupo de estudios aleatorizados y controlados, es decir, con nivel de evidencia Ib.

La ventaja del metaanálisis es clara. Al analizar un gran número de estudios únicos bien realizados, permite minimizar los errores que estos pueden tener: diferencias de dosis, razas (o mejor dicho, distribuciones genéticas), y un largo etc…

Sin embargo, como suele pasar, la gente prefiere escuchar lo que ‘a Fulanito le funciona’ que los trabajos que especialistas con años de experiencia se han dejado los cuernos en hacer. Es una pena. Pero ese es el sino de todos los que ansiamos a trabajar en la investigación científica.

Me despido hasta el próximo domingo (o antes), dejando la recomendación de que quemes las bayas de Goji que te queden.

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La ciencia y los crímenes de los años cuarenta

Bueno, antes de proseguir con el artículo, me gustaría advertir a mis lectores que, por suerte, he retomado mis estudios. Y digo por suerte, porque realmente tengo interés en continuar mi larga andadura como estudiante hasta que un día pueda por fin dedicarme a la profesión de mis sueños. En fin, que para poder cumplir mis expectativas voy a tener algo apartado el blog, pero prometo escribir al menos una vez a la semana, un artículo de calidad.

Mi plan inicial era continuar con el post sobre armas químicas, pero me gustaría hacer antes una reflexión y un recuerdo sobre todos los crímenes que se cometieron en la Segunda Guerra Mundial. Sí, el nacionalismo fue uno de sus grandes impulsores. Pero no debemos olvidar el papel que tuvo la ciencia. Sigue leyendo

Olores que cuentan historias

Imagínate el olor de la hierba cortada. ¿Trae algún recuerdo a tu mente? Dependiendo del tipo de persona que seas (o lo que es casi lo mismo: tus experiencias), estos recuerdos pueden variar en una amplia gama. Puedes recordar una historia con ese primer amor adolescente, revolcándoos juntos en la hierba. O quizá te recuerda a tu pueblo, en el campo, dónde das largos paseos nocturnos acompañado de este olor. O, si tu trabajo es de jardinero, pues a tu trabajo, sí.

Esta relación entre olores y recuerdos no es fruto de la casualidad: la “ruta” neurológica del olfato nos hace intuir una explicación coherente. En este artículo voy a abordar el funcionamiento del sistema del olfato, la conexión entre olfato y memoria, y la conexión entre el gusto y el olfato (que no es de causa neurológica, pero sigue siendo muy curiosa).

Muchos comercios aprovechan este resultado de la evolución, contratando empresas especializadas para desarrollar fragancias, cuyo olor nos permite reconocer los diferentes comercios por sí mismo. Sigue leyendo

El caldero, digo, la bomba más allá del arcoiris

Estimado amigo, si tu principal medio de informarte es la televisión, tengo serias dudas de que te hayas enterado de los recientes bombardeos que Israel ha realizado en Irán el pasado domingo. Si vives en España, claro.

Bien, ayer el diario The Sunday Times hablaba sobre un posible “ataque de pulso electromagnético” que “devolvería a Irán a la edad de piedra”. Por desgracia, dado que el acceso es de pago, no he podido acceder al original, pero varios diarios en castellano se han hecho eco de la noticia. Lo que voy a tratar de explicar es en que consiste el ataque de pulso electromagnético (que ha sido llamado “poéticamente” Bomba del Arco Iris, por razones que ya veremos).

Ustedes me indicaran si se quedan contentos.

Pulso electromagnético: qué es

Sí, resultaría ciertamente difícil explicar un ataque de pulso electromagnético sin saber primero lo que es un pulso electromagnético. Para ser breves: <<un pulso electromagnético es una emisión de energía electromagnética de alta intensidad en un breve tiempo>>. Esta emisión tiene la característica de afectar a los aparatos eléctricos/electrónicos, dañándolos o destruyéndolos. Una forma de entender la causa puede ser la analogía de los ataques DoS (Denial of Service) utilizados por colectivos de hackers informáticos, entre los que destaca el grupo hacktivista Anonymous. Se dirige tal cantidad de datos (en nuestro caso sería energía electromagnética) en un espacio de tiempo breve hacia un receptor, que este no es capaz de resistirlo y se apaga. Sigue leyendo

Química de trincheras (I)

Queridos lectores, hoy vamos a hablar de uno de los capítulos oscuros de la historia de la ciencia, pues debemos conocer los errores del pasado para evitar volver a repetirlos. No es raro oír hablar sobre los daños producidos por la ciencia en el desarrollo de las armas nucleares, pero sin embargo, pocos parecen recordar el importante papel que ha jugado, y aún juega, la guerra química.

El primer obstáculo al que nos enfrentaremos será fechar el inicio del uso de la química en los conflictos armados. Desde tiempos inmemoriales se han empleado venenos en la guerra (untados en flechas, para emponzoñar el agua, etc…). También tenemos indicios de que se han empleado sustancias químicas, esparcidas en forma de polvo, en abordajes a barcos, o para asfixiar a enemigos ocultos en túneles. O, por poner un célebre ejemplo, el fuego griego. Por tanto, vamos a iniciar este artículo remontándonos a la Primera Guerra Mundial, primer conflicto en el que estas armas empezaron a ser usadas de forma considerable, y con la característica que se trataba de sustancias químicas sintetizadas artificialmente. Sigue leyendo