El curioso caso de las neuronas correveidiles y las flechas con curare


Hola querido lector. Te doy la bienvenida a mi blog; sí, ese blog de un estudiante alocado abandonado por su musa, ese que escribe cosas tan extrañas. Hoy voy a lanzarme a la aventura de hacer una pequeña introducción a la neurociencia explicando algunas cosillas curiosas.

Vamos a lo básico, de lo básico. El gran Ramón y Cajal recibió el Premio Nobel por su importante contribución a la biología humana, al demostrar que el tejido nervioso está formado por células: las neuronas (y las células gliales o neuroglia, pero eso es otra historia…).

Aunque las neuronas varían enormemente su tamaño y distribución, la estructura básica de una neurona es la siguiente:

Las partes básicas de la célula son las dendritas, que reciben el impulso eléctrico de otras neuronas, los axones que lo transmiten hacia otras neuronas o hacia un órgano efector, y el núcleo y una serie de orgánulos que para nuestro caso no tienen importancia. La vaina mielínica mostrada en el dibujo es proporcionada por la neuroglia, no es parte de la neurona en sí.

Ahora bien, mediante una serie de procesos de transferencia de iones de uno a otro lado de la membrana celular de la neurona, se crea una corriente eléctrica, el impulso eléctrico, que es transmitido a lo largo de toda la membrana hasta la siguiente neurona (o el órgano efector). Pero para pasar el impulso de una neurona a otra es necesario un importante paso… la famosa sinapsis.

Como en casi todo lo relacionado con el cerebro (y yo aún no he llegado a estudiar la parte que escapa al “casi”), no todos los procesos son iguales. Vamos a tratar en este caso la sinapsis química, que en opinión del aún inexperto en neurociencia autor, es la más importante.

Cuando el impulso eléctrico llega hasta el final del axón, en el extremo presináptico la neurona libera los neurotransmisores a la hendidura sináptica, que es un espacio muy pequeño que hay entre ellas (me abstendré de hacer comparaciones debido a la, ya mencionada, gran disparidad de tamaños entre las neuronas). Cuando los neurotransmisores alcanzan sus correspondientes receptores en la membrana de la neurona receptora (membrana postsináptica), se producen de nuevo las citadas reacciones de transferencia de iones que generan el impulso nervioso.

De una forma más “didáctica”, podemos imaginarnos las neuronas como cotillas niños de primaria que se transmiten información (impulso eléctrico) a través de bolas de papel (neurotransmisores) tiradas entre las mesas (hendidura sináptica).

Bueno, la clase de introducción a la estructura del sistema nervioso ya ha acabado. La proseguiremos en futuros artículos (risa malévola). Ahora fijémonos en los neurotransmisores, esas curiosas sustancias. Sin duda, los más conocidos y que pueden sonarnos son el grupo de las aminas biógenas. Son: el inseparable duo de la epinefrina/norepinefrina (epinefrina es sustituible por adrenalina, si preferís), la dopamina, la histamina y la serotonina.

Por cierto, un comentario personal… Como aspirante a profesional de las neurociencias, me siento bastante ofendido cuando leo en revistas sensacionalistas alguna estupidez “estudios científicos demuestran…” (¿cómo no? Lo curioso es que nunca me las arreglo para encontrarlos en PubMed) relacionada con estos neurotransmisores. Os dejo vía libre para investigar de que hablo hasta que lo trate en el blog.

En fin, quejas aparte. Básicamente se separan los neurotransmisores en sustancias simples (dentro de las cuales se engloban las aminas biógenas citadas) y los neuropéptidos, que como su nombre indica, son cadenas de aminoácidos con efecto neurotransmisor.

De todos los neurotransmisores, el más estudiado y conocido es sin duda la acetilcolina (cuando hablemos de la historia de las neurociencias, campo realmente interesante, veremos que este neurotransmisor ha tenido cierta importancia). Y este neurotransmisor nos lleva a otra sustancia (sustancia que un servidor conoce gracias a los comics de Mortadelo y Filemón, por cierto), el famoso veneno de las tribus indígenas suramericanas: el curare.

El curare es un veneno que produce la muerte por asfixia. Esta sustancia se une a unos receptores específicos de la acetilcolina, dentro de cuyas funciones se encuentra estimular la contracción de las fibras musculares. Cómo el curare (o más especificamente su alcaloide, la curarina) bloquea estos receptores, el cerebro es incapaz de controlar la musculatura cardiorespiratoria, lo que lleva a la muerte por asfixia.

Una cosa bastante curiosa que descubrí investigando sobre el curare (sí, en la Wikipedia; cuando me gradúe voy a tener que ponerle un monumento a Jimmy Wales) es que en los años 40 fue empleado como anestésico en operaciones a niños. Sin embargo, dado que no tiene efecto anestésico, lo único que lograba es que los niños no pudiesen moverse y el cirujano no pudiese enterarse del terrible dolor que estaban sintiendo esos niños.

Bueno, creo que he conseguido hacer una introducción sencilla a la neurociencia, y de paso os he explicado una buena forma de envenenar a vuestros enemigos. Por hoy basta. Otro día nos metemos con cosas más interesantes y más avanzadas dentro de este fascinante campo.

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2 pensamientos en “El curioso caso de las neuronas correveidiles y las flechas con curare

  1. ¡Qué curioso! Precisamente yo también tenía en mente publicar un día de estos una entrada de neurociencia, concretamente de la neurogénesis en el adulto…

    Así que tú también estás en la etapa universitaria del proceso ‘how to be a matasanos’, ¿eh? Y yo que pensaba que estabas preparando el MIR y que escribías en este blog en tus ratos libres XD.

    Muy buena la entrada, parece que va a ser la primera de una especie de temporada de Barrio Sésamo en la que se habla de neurociencia XD. Me parece una idea estupenda, porque es un tema que despierta mucho interés en la gente y del que no existe mucha información disponible y fidedigna “en cristiano” para irla entendiendo. Sólo le veo un pequeño fallo, mejor dicho, un pequeño lapsus :devil: : la acetilcolina… ¿Un aminoácido? 😛

    • Hola Orithya,
      gracias al FSM aún me queda una temporada larga antes del MIR. En esa época… uf, no quiero pensar lo que pasará con mi tiempo libre.

      En este blog, más que hablar de mi futura profesión, planteo mi enorme afición por la biología y la química (más allá de la parte de ésta que engloba la medicina). Es una forma de reafirmar mis conocimientos para que no se pierdan entre las conexiones neuronales, y de paso aprender todo lo posible =P.

      La temporada de Barrio Sésamo tendrá su continuación, pero, al menos durante un tiempo, será más bien de curiosidades sobre la neurociencia. Todavía no me considero lo bastante buen divulgador para explicar muchas cosas.

      Respecto a lo del aminoácido… fallo técnico. No sé en que estaría pensando xD.

      Un saludo y gracias por comentar.

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