Las bacterias hijas de Satanás


Azufre. Elemento químico conocido desde la antigüedad, ya usado por los egipcios, mencionado en la Biblia, y (en parte a causa de lo anterior) asociado con el demonio. Es despedido por los volcanes en grandes cantidades, y también se encuentra en menores cantidades en el cuerpo humano (0,63%). Algunos de sus compuestos (sulfuro de hidrógeno, dióxido de azufre) son tóxicos a partir de 100ppm, sin embargo, es necesario para el aminoácido esencial metionina, a partir del cual también se origina la cisteína, un aminoácido no esencial.

Bien, hechas las presentaciones, hablemos ahora de unas bacterias muy curiosas. Hablábamos el otro día de los organismos extremófilos; pues hoy vamos de hablar de unas bacterias capaces de sobrevivir en ausencia de oxígeno (anaerobias). Estos curiosos microorganismos utilizan el azufre en lugar del oxígeno, y en lugar de agua (H2O), emplean sulfuro de hidrógeno (H2S). Vamos a hablar hoy de las chlorobi o bacterias verdes del azufre y de las cromatiales o bacterias púrpura/rojas del azufre.

Chlorobi o bacteria verde del azufre

Chlorobi

Cromatial o bacteria púrpura del azufre

Chromatial

Estas bacterias realizan fotosíntesis anoxigénica (es decir, sin oxígeno), y se encuentran en manantiales sulfurosos o en aguas estancadas, generalmente anóxicas, pero a donde llega la luz. La primera diferencia es que, en lugar de utilizar clorofila, utilizan una variante, la bacterioclorofila (original, si).

En primer lugar, los carotenoides, pigmentos que también se encuentran presentes en las plantas y en algunos otros organismos fotosintéticos, absorben la energía de la luz solar y la transmiten a la bacterioclorofila. Esa energía se utiliza para transmitir, desde el punto donde está la bacterioclorofila, un electrón a una cadena de electrones que termina devolviendo ese electrón a la molécula original.

Con este proceso se produce energía mediante la cual se puede formar adenosín trifosfato (el célebre ATP) a partir de adenosín difosfato (ADP) y un grupo fosfato. Esta molécula, cuyos grupos fosfato están unidos por enlaces de alta energía, sirve de “moneda de cambio energética” biológica. Cuando se necesita energía para un proceso biológico (por ejemplo, la contracción de un músculo), se hidroliza uno de estos enlaces, liberándose energía.

La existencia de moléculas de este tipo es, cuanto menos, curiosa. Sin embargo, hace algo menos de dos años, un grupo de científicos de la NASA anunciaron el descubrimiento de una bacteria capaz de reemplazar el fósforo por arsénico en sus compuestos. Si tenéis interés en esta bacteria (GFAJ-1), podéis leer el artículo en Nature.

Mañana trataremos de un tema relacionado con este último, que considero bastante interesante. Hasta entonces, me despido.

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